domingo, 17 de enero de 2016

El sentido que se me escapa

Hoy estaba tumbada en el suelo de mi habitación de toda la vida y saber que me queda menos de medio año para irme, me asusta demasiado, aunque no lo diga a nadie.
Ya me siento sola aquí, cuando no tenga ni a mi hermano o mis padres (aunque a veces me aburan y me cabreen) qué haré.

De repente me ha entrado un sentimiento horrible e intenso y me he visto a mí misma en un piso que no es este, mirándome a un espejo mientras me maquillaba con las luces tenues, no sé por qué, quizá es porque sabía que nadie me estaba esperando o por no saber tantas cosas que no sé...

Ha sido una sensación terrible, y no es la primera vez que me pasa, aunque solo las recuerdo cuando me vuelve a asaltar, mientras caen en el olvido de un mal segundo.

Siento algo fuerte y a lo que no se poner nombre, que no sabría describir ni en un millón de años y justo cuando por fin voy a descubrir que es ese sentimiento que a veces me ataca,  justo cuando estoy a punto de tocarlo, Desaparece al instante y solo queda el rastro de sentimientos normales, intensos pero a los que sí sé poner nombre. Cada vez son distintos. 
Esta vez el rastro ha sido de soledad, una soledad aterradora que me ha roto el corazón.

Y aquí sigo tirada, esperando a que el tiempo se detenga y pueda relajarme y dejar de pensar un solo segundo, pero por experiencia, a estas alturas de la vida diría que eso nunca pasará. Diría que es mi maldición y la de mucha más gente que nunca lo dirá en voz alta o que al igual que haré yo, lo olvidarán como un mal sueño, de todas formas no creo que nadie pudiera entenderlo, puede que la ignorancia nos libere del estrés de la alta consciencia.


Mi punto débil y a demás lo que me distingue y en el fondo sé que no cambiaría por nada es la INTENSIDAD.
Todo me abruma y me sorprende mi propia capacidad de sentir tantísimo y expresar tan poco, pero más me asusta que ya sea una costumbre reflejo.

No quiero sentirme sola, pero la mitad del tiempo sí que me gusta estar sola.

Lo peor es que no creo que exista en el mundo cura alguna para mi cerebro confundido y agotado o para mi imaginación dislocada y masoquista.

Quisiera poder ser más simple.